Fito Conesa Y Pilar Cruz

Historia de amor en Pompeya

 

En 1748 el ingeniero aragonés Roque Joaquín de Alcubierre excavó las ruinas enterradas por la lava de la ciudad romana de Pompeii, al sur de la península itálica, a los pies del Vesubio.

Con la misma emoción con la que años después Howard Carter entró en la cámara funeraria deTutankamón, nuestro excavador descubrió un insólito recinto. Una cámara sellada dentro del recinto de uno de los thermae de la ciudad, guardaba un secreto que los siglos silenciaron y una historia de amor trágicamente fundida. La lluvia de ceniza había formado una burbuja que permitió la conservación de los cuerpos de dos personas, fallecidas por acumulación de gases tóxicos emitidos por el volcán.

Entre los restos encontrados descubre dos cuerpos momificados y, aunque era hombre curtido, a Roque le impresiona su excelente estado de conservación, la mueca de la muerte en los rostros y la explícitap ostura corporal de ambos.

A sus pies, un recipiente de lo que podría ser Navariscium, ungüento muy apreciado en la Antigüedad, y unos fardos que, tras ser limpiado por los estudiantes que acompañan la expedición, resultan ser de un tejido de algodón con exóticos dibujos.

En el informe posterior a los trabajos que Roque envía al Rey Carlos III de España y VII de Nápoles, relata así el hallazgo:

“Encontrábame pues en el interior de la cámara trasera de los baños en esta primera inspección ocular, cuando descubrí a los pies de los cuerpos anteriormente referidos unos fardos de tejido que resultaron ser algodón egipcio. Tal circunstancia nos extrañó, pues es de todos sabido que el algodón es un tejido de escasez en los primeros años de nuestra era. Siendo los plebeyos y corrientes ciudadanos del Imperio quienes usaban las termas, un tejido así de lujoso y poco común en tal lugar sólo podía constituir prueba de actividad ilegal. Tras un examen más detenido, la tela reveló un dibujo de ave exótica. Lo sorprendente no es el tipo de animal, ya visto en muros de otras domus de la ciudad. Lo que nos intriga es el color en el que dichas figuras estuvieron teñidas. A pesar del tiempo, su excelente estado de conservación revelanada menos que tonalidades rojizas, ocres y púrpuras. Es de su majestad conocida la prerrogativa exclusiva del púrpura para el emperador y, en aquel siglo, permitido en franjas de las togas a senadores y generales del ejército, pero exhaustivamente prohibido para rangos inferiores y por supuesto para ciudadanos. Una interpretación de tal hallazgo podrá ser ofrecida a s.m. en la corte. Enviamos los fardospara su estudio y conservación.

Una carta firmada por el bibliotecario del Monasterio de San Jerónimo de El Escorial, Fray Enrique de laVila Matas, fechada unos meses después, aclara el hallazgo:

“Dicho fardo podría haber pertenecido al liberto Crisóbono, comerciante de tejidos que sabemos que vivió en el siglo I de nuestro señor y muy probablemente pudo estar localizado en la ciudad de Pompeya en el año de la erupción del Vesubio. Sabemos de su existencia por el letrado Milión de Dolarae, discípulo de Cicerón, quien en sus Crónicas jurídicas, manuscrito conservado en la escurialense, relata un juicio contra el encausado Crisóbono, quien bien podría tratarse de una de las personas encontradas en las termas. Dicho juicio se celebró debido a la acusación de escándalo y libertinaje, conducta que corresponde además a la postura de los cuerpos que vuestra merced refiere en su informe. Se hace constar en la crónica que el acusado dirige un negocio de importación de telas cuya legalidad no termina de estaraclarada, por lo cual un posible segundo juicio podría celebrarse pasadas las Saturnales. Al parecer Crisóbono podría haber comerciado ilegalmente con algodón africano y cañadilla de Abisinia, que daba eltinte púrpura, y el juicio se celebraría tras la búsqueda de pruebas que lo incriminasen. No existe sin embargo constancia de ese segundo juicio, lo cual nos lleva a pensar que se desestimó o que las pruebas del delito desaparecieron junto con el propio encausado.”

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